viernes, 9 de agosto de 2013

EL EJEMPLO TIENE MÁS FUERZA QUE LAS REGLAS

A cualquiera que se dedique a una actividad relacionada con la vida pública se le exige una actuación transparente y obviamente, ejemplar. Su actitud tiene que ser un ejemplo para los que miran y, en la mayoría de los casos, por no decir prácticamente siempre, ha de ser una actitud edificante. La ejecución de su tarea tiene que ser virtuosa. Es una cuestión de honorabilidad.
El honor está fundado en nuestra propia conducta. El honor del cargo es la opinión general de que una persona revestida de un empleo posee las cualidades exigidas y cumple puntualmente y en cualquier circunstancia las obligaciones de su cargo. Cuanto más importante y extensa es la esfera de acción (del político), y más elevado e influyente es el puesto que ocupa, mayor debe ser también la opinión que se tiene de sus cualidades intelectuales y morales que lo hacen digno de ese puesto. 
Se da, pues, por hecho, que un representante público tiene la obligación, por ética y moral, de realizar el ejercicio de su función manteniendo ese exigido comportamiento ejemplar. Un ejercicio público donde destaquen las virtudes; esas mismas virtudes que enseña la sociedad y  que son tanto las que se deben a otros como las que se debe uno a sí mismo. Todo esto viene a cuento de que, como Gogol, creemos que  el ejemplo tiene mas fuerza que las reglas. Y hoy lo digo porque ayer fui multada por fuera de mi casa, en la calle Antonio Ruiz, en la Cooperativa en SJR. Estaba aparcada sobre un paso de peatones. Es verdad que infringí una regla. Como eximente podría decir que la calle tiene un número excesivo de pasos de peatones, cosa que ha afirmado algún policía. También podría decir que la calle lleva ¡ocho meses! en obras y que no se puede acceder a los garajes, pues los vados son impracticables, y nos siguen cobrando por ellos. Lo que es un abuso por parte de los gestores públicos, cobrar por un servicio que no se da.  Eso hace que haya un porcentaje de coches, que podría cifrarse en un 50% más, que compiten en la búsqueda de aparcamiento, lo que se agrava en verano, pues estamos en las inmediaciones del Charco de La Laja, cada vez afortunadamente más atractivo para propios y foráneos. Podría decir muchas cosas, pero, evidentemente, infringía la norma. Podría, incluso, añadir, que el cumplimiento de la norma no es inflexible, y que la flexibilidad viene dada por las circunstancias. Y que las circunstancias citadas aconsejan a la autoridad pública ser flexible. Pero infringí la norma y no me puedo quejar. 
Ahora, si que puedo argumentar que, como dice el título de este comentario,  el ejemplo tiene más fuerza que las reglas. Y es que el mismo día y a la misma hora en que fui multada junto con dos vecinos más, un hermano del portavoz. había dejado su coche sobre un vado. Y no fue multado. Y que el mismo portavoz, los dos días precedentes, obstaculizaba hablando por fuera de sendos coches la bajada frente al ayuntamiento, y yo misma fui detenida en mi tránsito por esta circunstancia. Y que el martes quien obstaculizaba la bajada era una empleada municipal que, dentro de su periodo vacacional, conducía un coche del ayuntamiento, obviamente para uso particular. Y que Tomás Mesa, en la fiesta de Las Aguas, aparcó su coche en un vado. Y que uno de los concejales, en su taller, suele tener coches  ocupando la acera. Y que hoy mismo un vecino me hace llegar una foto en que el padre de otro concejal tiene aparcado su coche en sentido contrario. Y todo esto no tiene nada de ejemplar, y si de uso de la ley del embudo: lo ancho para el que manda y lo estrecho para el resto. Y que tiene visos de abuso de autoridad.
¿Ven como es muy bonita la flexibilidad y que no se puede actuar por venganza, porque al final nos fijamos todos en lo que solemos pasar por alto?