domingo, 13 de mayo de 2012

FLORES, MÚSICA Y LA BONHOMÍA DE LA RAMBLA



He vuelto a renacer, como Ave Fénix, de las cenizas de la última semana, pésima y desesperanzadora por la maldad que en ciertos sectores se rezuma. Y lo he hecho gracias a las flores que planté ayer en mi patio y que ponen una nota de color y alegría en unas macetas que estaban secas, lo que es un augurio de que todo florecerá como está floreciendo el comercio y la inversión en SJR. Y también gracias a la música, al excelente concierto que me gicé hoy de la XIX de Marzo, donde hubo un momento de esplendor como no recordaba, con la interpretación magnífica de la segunda obra, “Palindromía flamenca”, con los solos de guitarra de Cristina Vargas, de Cajón flamenco de Andrés Rodríguez  y de Saxo soprano de Javier Rodríguez López. Nuestros músicos son muy buenos, pero creo que en, esa obra,  los solistas  contaron con la ayuda de un ángel. A mí me gusta decir que cuando las cosas me salen mal, no me salen del todo mal, porque tengo a cuatro ángeles vigilando que las cosas se compongan: mis abuelos maternos, mi tía Josefita y mi padre. Y volví a creer en la gente buena de nuestro pueblo, en el poder de la bondad y en los apoyos que nos prestan aquellos que nos quieren y que ya no están con nosotros. Apoyos para que sigamos siendo fuertes y sigamos por la senda del bien, de la bonhomía que me gusta decir que es LA CUALIDAD RAMBLERA, así con mayúsculas.
Bonhomía es una palabra que hace referencia a la sencillez unida con la bondad en el carácter y las maneras. La voz procede del francés, donde está presente desde principios del siglo XVIII, y deriva del sustantivo y el adjetivo bonhomme (siglo XII), formado de bon (bueno), y homme (hombre). En el siglo XIV significaba labrador, y a partir del siglo XVI hombre de bien. Fíjense por qué creo que es la palabra que mejor define a los rambleros y rambleras: labradores y personas de bien. Según el DRAE, en la actualidad, significa: Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento. Y sigo acertando cuando pienso que esa es la palabra que define a la gente de nuestro pueblo.  Y eso es muy importante en los tiempos que corren, en que cada vez es más raro que una persona sea reconocida por los demás como alguien con esas características de “buen hombre” o “buena persona” (utilizando las palabras hombre y persona como genéricos, no como masculino o femenino) e incluso el intentar ser nosotros mismos un paradigma de bonhomía no deja de ser un reto muy complicado. Y más cuando hay próceres y descomunicadores arengando para que la gente haga todo lo contrario, como si de líderes de una secta se tratara. La complicación viene dada por las apreciaciones de su propia definición: “…en el carácter y en el comportamiento” lo que convierte las características de la bonhomía en todo un estilo de vida. Y no debe resultarnos tan complicado ponerlo en práctica porque seguramente más de uno podríamos decir aquello de que “eso es lo que me enseñaron en casa y en la escuela cuando era pequeño”.
Por eso, qué bonito sería que intentáramos rescatar al niño que fuimos y que aprendió a ser “buena gente” y volver a ser no buenos a secas, ni ingenuos, sino personas plenas de bondad en el corazón y sencillez en las maneras. A lo mejor no es tan difícil. La base ya la tenemos ¿la buscamos y la sacamos a relucir? Yo creo que podemos. Sólo hace falta firmeza para defender aquellos valores en los que creemos y que fueron la base de nuestra educación, y no olvidarlos en esta época de mudanzas, donde no se sabe quien es quien ni las motivaciones profundas de ciertos actos malévolos. Seamos, pues, como dice mi amigo Juan, inquilinos de una sola casa, de esa que nos enseñaron nuestros mayores, no personas advenedizas que han llegado a nuestro municipio a hacer su agosto…. Cuando los valores se adquieren desde la niñez, viéndolos en casa, según creces, según nuestra madre y padre, que se sacrifican para que salgamos adelante, quitándose de su boca todo lo bueno que desean llevarse, para que a nosotros no nos falte de nada, asumiendo errores y haciendo de la palabra un contrato, con comportamientos integros, honrados, respetuosos con los semejantes, es motivo de orgullo para nosotros, para nuestros padres y para nuestros hijos. Querría que fuera así, que nombrar a un ramblero en cualquier sitio volviera a ser una cosa grande, con el honor bien alto.
Y me gustaría personalizar para que se vea que hablo con conocimiento de causa. Y voy a describir a mi abuelo Vicente, de una familia cuyas raíces están en San Juan de la Rambla desde el siglo XVI. Mi abuelo era, como casi todos los Manueles, un hombre delgado y de aspecto físicamente frágil que brillaba como una aurora boreal, apabullantemente inteligente pese a su analfabetismo (como Saramago, que describió maravillosamente a su abuelo cuando recogió el Nobel diciendo “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”) y sobre todo, pasaba de lo fatuo, y era divertido y generoso hasta el sacrificio y todo se iluminaba cuando regresaba del campo. Y tan buena persona.
Lo que mi abuelo, al modo de su familia y de los vecinos de la época, exudaba, es una bondad, una bonhomía y una calidad del corazón, como pocas veces he visto en otros lares contenida en ese envoltorio perecedero y decadente que llamamos ser humano. Desde el recuerdo de mi abuelo, he intentado imitar aquellos comportamientos que él y mi abuela primero, y luego mis padres, me enseñaron con su ejemplo.
Por eso hoy  hablo de flores, de música y de bonhomía. Porque todo, todo eso es nuestro pueblo. Y es nuestro deber evitar que se impida que así sigamos siendo nosotros y las futuras generaciones. ¿Nos ponemos a ello?

miércoles, 9 de mayo de 2012

LA IMPRESCINDIBLE UNIDAD


En mi opinión, la gran baza de un pueblo que progresa es su unidad. Y no me refiero tanto a su unidad ideológica, sino a su unidad de acción, a su unidad estratégica. Todo lo contrario ha ocurrido y ocurre con nuestro municipio, donde históricamente se ha alimentado la división, que el tiempo y las circunstancias hicieron en los últimos 24 años más y más profunda. No se trata tan sólo de una división que se evidencia en siglas (que también), sino que trasciende a los partidos políticos. Esa división nos hizo quedar anclados en un punto perdido, mirándonos continuamente el ombligo, sin otro horizonte. Tal vez lo que subyace en esta división es el debate sobre el objetivo último de la acción política. ¿Debe ser el único objetivo de una ideología política el alcanzar el poder, para perpetuarse, usando lo que sea con tal de seguir en el machito o  el objetivo ha de ser el transformar la sociedad? Yo creo que el objetivo debe ser esto último: conseguir una sociedad más justa, más igualitaria, más solidaria y más libre. Y para lograrlo, tan necesario es inculcar en la sociedad esos principios como ponerlos en práctica desde el ejercicio del poder. Creo que es tiempo de unidad. Los de siempre están haciendo un meticuloso trabajo que, si no lo impedimos, dará sus frutos a medio plazo. Mientras que en el pasado próximo los divisionistas se autoinmolaron, víctimas de sus propios excesos y de su falta de capacidad de evolucionar, ahora pretenden retroalimentarse con su propia crisis. Y podemos encontrarnos, de nuevo, con un nuevo intento de dividir, y con que de nuevo retrocederemos veinticinco años. No obstante, pienso que es tiempo de que caminemos juntos. Busquemos conservar lo conseguido, y avanzar en el modelo de sociedad que nos ponga en el futuro, no en el que nos ancle en el pasado. Para ello, debemos intentar gobernar para todos, pero sin olvidar los errores del pasado próximo. No será fácil. Pero creo que merece la pena intentarlo. Es imprescindible que los rambleros y las rambleras iniciemos un viaje de unidad. ¿Nos encontramos en el camino?

lunes, 7 de mayo de 2012

TEMPLANDO EL ÁNIMO


El guardagujas[Cuento. Texto completo]Juan José Arreola
El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:
-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?
-¿Lleva usted poco tiempo en este país?
-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.
-Se ve que usted ignora las cosas por completo. Lo que debe hacer ahora mismo es buscar alojamiento en la fonda para viajeros -y señaló un extraño edificio ceniciento que más bien parecía un presidio.
-Pero yo no quiero alojarme, sino salir en el tren.
-Alquile usted un cuarto inmediatamente, si es que lo hay. En caso de que pueda conseguirlo, contrátelo por mes, le resultará más barato y recibirá mejor atención.
-¿Está usted loco? Yo debo llegar a T. mañana mismo.
-Francamente, debería abandonarlo a su suerte. Sin embargo, le daré unos informes.
-Por favor...
-Este país es famoso por sus ferrocarriles, como usted sabe. Hasta ahora no ha sido posible organizarlos debidamente, pero se han hecho grandes cosas en lo que se refiere a la publicación de itinerarios y a la expedición de boletos. Las guías ferroviarias abarcan y enlazan todas las poblaciones de la nación; se expenden boletos hasta para las aldeas más pequeñas y remotas. Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.
-Pero, ¿hay un tren que pasa por esta ciudad?
-Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo mediante dos rayas. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder. Yo he visto pasar muchos trenes en mi vida y conocí algunos viajeros que pudieron abordarlos. Si usted espera convenientemente, tal vez yo mismo tenga el honor de ayudarle a subir a un hermoso y confortable vagón.
-¿Me llevará ese tren a T.?
-¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente un rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?
-Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?
-Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna...
-Yo creí que para ir a T. me bastaba un boleto. Mírelo usted...
-El próximo tramo de los ferrocarriles nacionales va a ser construido con el dinero de una sola persona que acaba de gastar su inmenso capital en pasajes de ida y vuelta para un trayecto ferroviario, cuyos planos, que incluyen extensos túneles y puentes, ni siquiera han sido aprobados por los ingenieros de la empresa.
-Pero el tren que pasa por T., ¿ya se encuentra en servicio?
-Y no sólo ése. En realidad, hay muchísimos trenes en la nación, y los viajeros pueden utilizarlos con relativa frecuencia, pero tomando en cuenta que no se trata de un servicio formal y definitivo. En otras palabras, al subir a un tren, nadie espera ser conducido al sitio que desea.
-¿Cómo es eso?
-En su afán de servir a los ciudadanos, la empresa debe recurrir a ciertas medidas desesperadas. Hace circular trenes por lugares intransitables. Esos convoyes expedicionarios emplean a veces varios años en su trayecto, y la vida de los viajeros sufre algunas transformaciones importantes. Los fallecimientos no son raros en tales casos, pero la empresa, que todo lo ha previsto, añade a esos trenes un vagón capilla ardiente y un vagón cementerio. Es motivo de orgullo para los conductores depositar el cadáver de un viajero lujosamente embalsamado en los andenes de la estación que prescribe su boleto. En ocasiones, estos trenes forzados recorren trayectos en que falta uno de los rieles. Todo un lado de los vagones se estremece lamentablemente con los golpes que dan las ruedas sobre los durmientes. Los viajeros de primera -es otra de las previsiones de la empresa- se colocan del lado en que hay riel. Los de segunda padecen los golpes con resignación. Pero hay otros tramos en que faltan ambos rieles, allí los viajeros sufren por igual, hasta que el tren queda totalmente destruido.
-¡Santo Dios!
-Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren.
-¡Dios mío, yo no estoy hecho para tales aventuras!
-Necesita usted ir templando su ánimo; tal vez llegue usted a convertirse en héroe. No crea que faltan ocasiones para que los viajeros demuestren su valor y sus capacidades de sacrificio. Recientemente, doscientos pasajeros anónimos escribieron una de las páginas más gloriosas en nuestros anales ferroviarios. Sucede que en un viaje de prueba, el maquinista advirtió a tiempo una grave omisión de los constructores de la línea. En la ruta faltaba el puente que debía salvar un abismo. Pues bien, el maquinista, en vez de poner marcha atrás, arengó a los pasajeros y obtuvo de ellos el esfuerzo necesario para seguir adelante. Bajo su enérgica dirección, el tren fue desarmado pieza por pieza y conducido en hombros al otro lado del abismo, que todavía reservaba la sorpresa de contener en su fondo un río caudaloso. El resultado de la hazaña fue tan satisfactorio que la empresa renunció definitivamente a la construcción del puente, conformándose con hacer un atractivo descuento en las tarifas de los pasajeros que se atreven a afrontar esa molestia suplementaria.
-¡Pero yo debo llegar a T. mañana mismo!
-¡Muy bien! Me gusta que no abandone usted su proyecto. Se ve que es usted un hombre de convicciones. Alójese por lo pronto en la fonda y tome el primer tren que pase. Trate de hacerlo cuando menos; mil personas estarán para impedírselo. Al llegar un convoy, los viajeros, irritados por una espera demasiado larga, salen de la fonda en tumulto para invadir ruidosamente la estación. Muchas veces provocan accidentes con su increíble falta de cortesía y de prudencia. En vez de subir ordenadamente se dedican a aplastarse unos a otros; por lo menos, se impiden para siempre el abordaje, y el tren se va dejándolos amotinados en los andenes de la estación. Los viajeros, agotados y furiosos, maldicen su falta de educación, y pasan mucho tiempo insultándose y dándose de golpes.
-¿Y la policía no interviene?
-Se ha intentado organizar un cuerpo de policía en cada estación, pero la imprevisible llegada de los trenes hacía tal servicio inútil y sumamente costoso. Además, los miembros de ese cuerpo demostraron muy pronto su venalidad, dedicándose a proteger la salida exclusiva de pasajeros adinerados que les daban a cambio de esa ayuda todo lo que llevaban encima. Se resolvió entonces el establecimiento de un tipo especial de escuelas, donde los futuros viajeros reciben lecciones de urbanidad y un entrenamiento adecuado. Allí se les enseña la manera correcta de abordar un convoy, aunque esté en movimiento y a gran velocidad. También se les proporciona una especie de armadura para evitar que los demás pasajeros les rompan las costillas.
-Pero una vez en el tren, ¡está uno a cubierto de nuevas contingencias?
-Relativamente. Sólo le recomiendo que se fije muy bien en las estaciones. Podría darse el caso de que creyera haber llegado a T., y sólo fuese una ilusión. Para regular la vida a bordo de los vagones demasiado repletos, la empresa se ve obligada a echar mano de ciertos expedientes. Hay estaciones que son pura apariencia: han sido construidas en plena selva y llevan el nombre de alguna ciudad importante. Pero basta poner un poco de atención para descubrir el engaño. Son como las decoraciones del teatro, y las personas que figuran en ellas están llenas de aserrín. Esos muñecos revelan fácilmente los estragos de la intemperie, pero son a veces una perfecta imagen de la realidad: llevan en el rostro las señales de un cansancio infinito.
-Por fortuna, T. no se halla muy lejos de aquí.
-Pero carecemos por el momento de trenes directos. Sin embargo, no debe excluirse la posibilidad de que usted llegue mañana mismo, tal como desea. La organización de los ferrocarriles, aunque deficiente, no excluye la posibilidad de un viaje sin escalas. Vea usted, hay personas que ni siquiera se han dado cuenta de lo que pasa. Compran un boleto para ir a T. Viene un tren, suben, y al día siguiente oyen que el conductor anuncia: "Hemos llegado a T.". Sin tomar precaución alguna, los viajeros descienden y se hallan efectivamente en T.
-¿Podría yo hacer alguna cosa para facilitar ese resultado?
-Claro que puede usted. Lo que no se sabe es si le servirá de algo. Inténtelo de todas maneras. Suba usted al tren con la idea fija de que va a llegar a T. No trate a ninguno de los pasajeros. Podrán desilusionarlo con sus historias de viaje, y hasta denunciarlo a las autoridades.
-¿Qué está usted diciendo?
En virtud del estado actual de las cosas los trenes viajan llenos de espías. Estos espías, voluntarios en su mayor parte, dedican su vida a fomentar el espíritu constructivo de la empresa. A veces uno no sabe lo que dice y habla sólo por hablar. Pero ellos se dan cuenta en seguida de todos los sentidos que puede tener una frase, por sencilla que sea. Del comentario más inocente saben sacar una opinión culpable. Si usted llegara a cometer la menor imprudencia, sería aprehendido sin más, pasaría el resto de su vida en un vagón cárcel o le obligarían a descender en una falsa estación perdida en la selva. Viaje usted lleno de fe, consuma la menor cantidad posible de alimentos y no ponga los pies en el andén antes de que vea en T. alguna cara conocida.
-Pero yo no conozco en T. a ninguna persona.
-En ese caso redoble usted sus precauciones. Tendrá, se lo aseguro, muchas tentaciones en el camino. Si mira usted por las ventanillas, está expuesto a caer en la trampa de un espejismo. Las ventanillas están provistas de ingeniosos dispositivos que crean toda clase de ilusiones en el ánimo de los pasajeros. No hace falta ser débil para caer en ellas. Ciertos aparatos, operados desde la locomotora, hacen creer, por el ruido y los movimientos, que el tren está en marcha. Sin embargo, el tren permanece detenido semanas enteras, mientras los viajeros ven pasar cautivadores paisajes a través de los cristales.
-¿Y eso qué objeto tiene?
-Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber adónde van ni de dónde vienen.
-Y usted, ¿ha viajado mucho en los trenes?
-Yo, señor, sólo soy guardagujas1. A decir verdad, soy un guardagujas jubilado, y sólo aparezco aquí de vez en cuando para recordar los buenos tiempos. No he viajado nunca, ni tengo ganas de hacerlo. Pero los viajeros me cuentan historias. Sé que los trenes han creado muchas poblaciones además de la aldea de F., cuyo origen le he referido. Ocurre a veces que los tripulantes de un tren reciben órdenes misteriosas. Invitan a los pasajeros a que desciendan de los vagones, generalmente con el pretexto de que admiren las bellezas de un determinado lugar. Se les habla de grutas, de cataratas o de ruinas célebres: "Quince minutos para que admiren ustedes la gruta tal o cual", dice amablemente el conductor. Una vez que los viajeros se hallan a cierta distancia, el tren escapa a todo vapor.
-¿Y los viajeros?
Vagan desconcertados de un sitio a otro durante algún tiempo, pero acaban por congregarse y se establecen en colonia. Estas paradas intempestivas se hacen en lugares adecuados, muy lejos de toda civilización y con riquezas naturales suficientes. Allí se abandonan lores selectos, de gente joven, y sobre todo con mujeres abundantes. ¿No le gustaría a usted pasar sus últimos días en un pintoresco lugar desconocido, en compañía de una muchachita?
El viejecillo sonriente hizo un guiño y se quedó mirando al viajero, lleno de bondad y de picardía. En ese momento se oyó un silbido lejano. El guardagujas dio un brinco, y se puso a hacer señales ridículas y desordenadas con su linterna.
-¿Es el tren? -preguntó el forastero.
El anciano echó a correr por la vía, desaforadamente. Cuando estuvo a cierta distancia, se volvió para gritar:
-¡Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice que se llama?
-¡X! -contestó el viajero.
En ese momento el viejecillo se disolvió en la clara mañana. Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudente, al encuentro del tren.
Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento.

domingo, 22 de abril de 2012

LA DIFERENCIA ENTRE "RIDÍCULO" Y "REPUGNANTE"



RIDÍCULO es escuchar al exalcalde hablando desde la radio intoxicadora, cuando después de las elecciones abandonó a los suyos a su suerte y salió corriendo, en lugar de quedarse en  el foro donde debía haber estado, donde lo pusieron los vecinos: los bancos de la oposición.  Ridículo es que pidan explicaciones, nada más comenzar a gobernar el nuevo grupo de gobierno, de todos los entuertos que dejaron durante 24 años. Ridículo es copiar, desde la oposición, paso a paso, el andar del PSOE cuando hizo oposición, desde la forma hasta el formato (mal copiar,  debo decir, porque los originales siempre son mejores). Ridículo es decir Yo no fui ante la gente que fue afectada por su mal gobierno,  y que fueron represaliadas. No basta con ocultar los que perpetraron los hechos o negar la vinculación. Ridículo es tener dos caretas: una de niño bueno y otra, anónima, de lobo-hiena.
REPUGNANTE es usar a las personas y servicios sensibles como los servicios sociales para hacer política. Repugnante es descalificar y atentar contra el honor de las personas que en el pasado próximo les sirvieron fielmente, e incluso negarles hasta el saludo, porque cumplen con su deber de empleados públicos. Repugnante es utilizar a los más indefensos como piedra arrojadiza. Repugnante es, en fin, ocultar la falta de argumentos con anónimos mendaces, insultantes,  calumniadores e incluso obscenos para seguir haciendo la forma vil y rastrera que les dio tantos años de gobierno y que ellos llaman política. Repugnante es que den la cara haciéndose los buenos y usen el anonimato para los usos y costumbres habituales y que creen que todavía les dan rédito político. Pero la gente, afortunadamente, se cansó de esa sinvergonzonería donde se meten con las relaciones afectivas y personales de las personas, donde usan incluso a familiares enfermos y/o muertos para meterlos en sus infundios, donde disparan contra todo lo que no controlen, estén o no en política, haciendo uso de las formas más viles y rastreras que uno pueda imaginarse.  Repugnante y miserable, formas donde se retratan.
Pero ya no les va a dar más resultado. Más que nada porque papeles callan barbas. Y ellos, muy machotes algunos, pueden presumir de barbas a la manera antigua, machistas, sexistas y racistas. Pero, los papeles, pese a que se llevaron muchos, los tenemos nosotros. Y eso si que no lo pueden controlar. 

jueves, 19 de abril de 2012

ACABADO EL VINO Y EN RIESGO EL PAN, DÉJENNOS LAS ROSAS


Treinta y ocho años separan las dos películas. Días de vino y rosas es una magnífica película de 1962, un clásico imprescindible, dirigida por Blake Edwards y magníficamente interpretada por  Jack Lemmon (su major papel dramático si prescindimos de Missing, de Costa Gavras), Lee Remick, Charles Bickford, Jack Klugman que trata del drama que supone las adicciones (el alcoholismo) en la vida de las personas. Pan y rosas, otra magnífica película de 2000, dirigida por Ken Loach, e interpretada por Pilar Padilla, Adrien Brody, Elpidia Carrillo, Jack McGee, Mónica Rivas, Frank Dávila, trata de cómo dos mujeres inmigrantes se interesan poco a poco por sus derechos de la mano de un activista político y se involucran por su lucha.
A propósito de los recortes que observamos, nos damos cuenta de que los días de vino y rosas se acabaron. Afortunadamente, digo yo. El despilfarro y la metida de mano en la lata del gofio no daba para mucho más tiempo. Pero estos últimos recortes,  los del pan y rosas, tocan de lleno los derechos sociales, el estado del bienestar, la salud, la educación, las pensiones, la dependencia, los más pequeños y los mayores. Y alguien se está apoderando del pan que es de todos y que tanto nos costó amasar. Largos años de lucha por el estado del bienestar están siendo devorados en un santiamén. Es imposible que, como las dos protagonistas de Pan y Rosas, no nos rebelemos. No por nosotros, sino por todos aquellos que ahora son vulnerables y están indefensos. Y entonces, acabado el vino y viendo como el pan no es respetado, pedimos encarecidamente que entre todos recuperemos las rosas como símbolo de la lucha que comenzó hace mucho más de un siglo y que buscaba lo que estamos empezando a perder y que costará volver a recuperar: la defensa de los trabajadores, la aprobación de leyes como el descanso dominical y la jornada de ocho horas, la protección del trabajo de los colectivos necesitados de equiparación, el voto universal y secreto, la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres en nuestro país, la defensa de los intereses de los sectores más necesitados de nuestra sociedad, la lucha por los derechos básicos de la persona, la educación y la sanidad universal, un sistema de pensiones también universal, la asistencia a los más vulnerables (discapacitados, dependientes, mayores, niños), en la lucha irrenunciable por la igualdad. Así, que roguemos porque nos queden las rosas para que, en recuerdo de aquellos y aquellas que lucharon por todo esto, no nos quedemos de brazos cruzados ante la que se nos viene encima. Se lo debemos a las generaciones que nos siguen. 

viernes, 6 de abril de 2012

LA POLÍTICA DEL "YO NO FUI" O LA RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE


En nuestro pueblo hubo, hace una década, determinados  hechos  de  violencia social,  de  origen  y  motivación  política, que consiguieron romper la paz social que nunca debió perderse. Se  produjeron a raíz de un conflicto artificial enarbolado por el partido en el poder en aquel momento, que alteró las relaciones sociales y la convivencia en nuestra comunidad.  Esos  sucesos  dieron  origen  a   diversas  formas  de  memoria política iniciados por miembros de la comunidad afectada. El pasado fue fechado, recordado y conmemorado para “no olvidar” (lo vivido, la persecución que vino después, el miedo…).
Los afectados, y todos los que creemos que nunca debió pasar, nunca debe repetirse, reclamamos, como postura  ética  (y  política),  “no  olvidar”,  invistiendo  a  la  memoria  de  una  fuerza  política  y cultural  que  se  asocie,  según  los  casos,  a  la  memoria  de  quienes sufrieron, y en algunos casos no pudieron ver que el cambio era posible, que la paz social era posible,  que se asocie a  la  búsqueda  de justicia, a la lucha por la paz, a la construcción y la consolidación democrática, en un municipio donde esos conceptos parecían condenados a no llegar nunca. No obstante, y dados los acontecimientos actuales, es preciso construir  una  resistencia  contra  el  olvido  basada  en  la  lealtad  personal  con  los que tanto sufrieron, pero también  en  la  lealtad  a  sus  creencias,  ideas  y  valores perdidos y que es necesario recuperar, si queremos recuperar la identidad y la unidad de nuestro pueblo. Reivindico, en este escrito, el concepto de  memoria  “militante”, esto es, mantener el sentido de la “causa” por la que esas personas sufrieron lo indecible durante estos últimos diez años, pero más que nada para, no olvidando,  reafirmar que se requiere recordar para asegurar que “nunca más” volverá a ocurrir tanto sufrimiento, tanta desesperación o desesperanza, tanto dolor y miedo, tantas pérdidas de todo tipo (sociales, culturales, de relaciones humanas...) Sobre todo porque, pese a todo lo que nos ha pasado, lo que le ha pasado al pueblo, ahora   se nos pide que olvidemos. La fuerza política que causó tanto dolor, jura y perjura que ahora son otros, que ahora son buenos, que quieren la unión, que somos todos, que recuperemos la  paz  social  y  la  estabilidad  política mediante el olvido. Ignoran que hace apenas diez meses, creyéndose victoriosos, seguían con los mismos modos y maneras que usaron para cargarse la convivencia. Y que si no hubiera habido un vuelco electoral el 22  de  mayo pasado, los modos y las maneras hubieran seguido siendo las mismas. Los  convulsos cuatro años  precedentes,  donde hubo de todo, las malas artes de estos últimos diez meses, desde  nuestro  advenimiento  al gobierno municipal,  pretenden que queden  disipados  y  asumidos como cosa no sucedida. Tal vez pretendan que la alcaldesa dicte un decreto que ordene borrar la memoria de los hechos para superar la conflictividad de sus consecuencias. Tal vez quisieran que tuviéramos, en su favor, la convicción de que el olvido del  pasado  asegura  la  paz  del  futuro  y  consolida  la  estabilidad  alcanzada.  Pero la paz actual se ha alcanzado,  no lo olvidemos, al menos yo no lo voy a olvidar, después de una larga lucha opositora que ha costado gran dolor al pueblo todo, y que a la que suscribe le costó cuatro años de tortura, de vejaciones, de insultos, de calumnias, de agresiones y de lo que no está escrito. Y le sigue costando, porque se han repartido los papeles de buenos y de malos. Los concejales son buenos,  los que se fueron son y hacen el papel de malos.
Voy a contarles algo. Un amigo y vecino, actualmente enfermo, me tiene en la memoria casi como único recuerdo reciente. Y me recuerda porque en la época dura me oía decir: sólo necesito que me animen. Y él me animaba cada vez que me veía, para darme fuerza, decía. El no se merece que una supuesta reconciliación política, pedida desde los que sólo sucumbieron por el dictado popular en las urnas, se construya basada en el olvido y en la impunidad que reclaman quienes han cometido la mayor de las ignominias, de las ofensas que se pueden inferir a un pueblo: separar a hermanos, a vecinos, a familias. Y no vale pedir perdón después de décadas de no  respetar  los  derechos  de  sus conciudadanos, de no respetar los derechos de las personas. 
Yo desde aquí reivindico que no es posible la caducidad de los hechos que laceraron al pueblo, que  el  olvido  de  ese  pasado es  imposible,  porque por encima de un perdón que se pide y que se debe dar, está la necesidad de la  búsqueda y recuerdo  de la verdad, de la memoria y de la justicia en un pueblo que ha decidido dar un vuelco a su modelo social y político decidiendo por mayoría que fueran otros quienes les gobernaran. Y lo reivindico porque el sólo cambio, no gestado por los agresores sino por los agredidos,  evidencia  que  el  paso  del  tiempo,  por  sí  mismo,  no extingue la memoria de los que han sufrido, menos aún en tiempos en los que la tecnología de las comunicaciones permite revivir el pasado como si formara parte de las noticias del día de hoy y que todo sigue tan vivo que todos nosotros tenemos familiares y amigos damnificados en el conflicto. Por eso el olvido es imposible y por eso no vale el yo no fui. Porque son los mismos, cachorros de camadas sucesivas que vivieron y se nutrieron del odio de sus mayores. Y así ha sido y así es. Por mucho que quieran disimularlo.

jueves, 5 de abril de 2012

EL RESPETO A LO SAGRADO


Vaya por delante que soy agnóstica, lo que implica que soy profundamente respetuosa de la religión, de las religiones, del hecho religioso. La religión católica es la de nuestros mayores, de nuestra cultura, de mis convecinos y convecinas. Por eso la respeto profundamente. Las religiones todas son expresiones distintas de un elemento común: la moral natural, la ética. De diversas formas, todas ellas quieren, mediante el hecho religioso, que las personas seamos buenas, que hagamos el bien, que respetemos a los demás y, por ende, a nosotros mismos, que es la mejor manera de servir a Dios. ¿Qué es lo "sagrado"? Aquello que se sustrae del uso ordinario y separándolo se vuelve intangible: no se debe mancillar. Por eso, por ser un valor intangible, se debe respetar. Despreciar, vilipendiar, dañar lo sagrado constituye un sacrilegio. Cabe decir que el desprecio de lo sagrado es siempre una ofensa para aquel que lo tiene por sagrado, una falta de respeto a sus convicciones y un atentado a su dignidad. Y se puede  despreciar de muchas maneras, pero la más deleznable es el uso espúreo de lo sagrado, para servir a intereses mundanos, para servirse de las creencias de los demás para fines espúreos, inconfesables, para poner al servicio de las apetencias y ambiciones humanas aquello que debe quedar enmarcado en lo sagrado, en lo de todos, en el patrimonio común que ha conformado nuestra cultura y nuestras (buenas) costumbres. Hoy, día del amor fraterno, hay que ser tolerantes, pero la tolerancia tiene sus límites. Nadie tacharía de intolerante a alguien que, sencillamente, busca defender el honor de su madre; tampoco es intolerante aquel que exige –pacíficamente- que se respeten sus convicciones religiosas o las de sus convecinos, porque ceder a que se desprecien significaría aceptar y conceder que se ofenda impunemente a su dignidad. En consecuencia, una sociedad sana debe ser capaz de hacer respetar las realidades consideradas como sagradas por los individuos que la integran, siempre dentro de un orden racional. Hay que huir, siempre y por prudencia, pero sobre todo por respeto, de  intentar prostituir lo sagrado, pretendiendo que la iglesia tenga acepción de personas o intentando exclusividades que están alejadas del espíritu cristiano que allí, en la iglesia de todos, debe imperar. Esas conductas sacrílegas no merecen respeto, porque no se atienen a las buenas costumbres de nuestro pueblo y, además, rayan en lo irracional. Y ello incluye, obviamente, tanto los signos religiosos, como las personas y los lugares considerados sagrados así como quienes, desde su cargo o su devoción, colaboran para que los actos religiosos tengan la relevancia debida. Sin `protagonismos, sin usurpaciones, sin usos políticos de lo que es exclusivamente religioso.  En caso contrario, el agresor debe hacerse merecedor del repudio de la comunidad toda, por atrevido, por sacrílego, por atentar contra las buenas costumbres que nos acompañaron desde la cuna y que nuestra sociedad debe conservar como su bien más preciado. Debía ser considerado un delito que atenta a la dignidad de la persona y a la pacífica convivencia social.  Y más cuando proceden de personas o grupos formados por  personas tendenciosas, que en el pasado mostraron un odio o repulsión visceral a lo sagrado, y especialmente a lo católico y hoy, de repente, aparecen como nuevos conversos que, como dice el refrán, "son más papistas que el Papa". ¿Dónde han estado hasta ahora? ¿qué repentino fervor les anima? ¿cómo osan siquiera cuestionar el trabajo colaborativo de un hombre de iglesia, como es mi compañero Cayetano Silva? 
Y esta es la verdad de lo que ha acontecido estos días con los actos de Semana Santa, que han pretendido sesgar y utilizar, o lo que es lo mismo, mancillar con una espúrea desviación política. Y sé que esta verdad, en la que han recaido muchas personas, puede, de nuevo, despertar el odio de aquellos que son pillados en su fraudulenta actividad. Y eso sucede  porque en realidad aman lo equivocado, actúan equivocadamente de manera terca y torticera,  aunque desearían que fuera percibido que lo que aman es la verdad. Pero ya no cuela. No obstante, aún están a tiempo. No resulta sencillo reconocer que uno se encuentra en el error: no obstante, tal día como hoy yo les pediría que rectifiquen, que vuelvan al respeto y a la prudencia, que no se acostumbren a actitudes despreciativas de lo sagrado,  porque insensiblemente irán perdiendo el respeto que deben tener por el valor de lo que para nuestros convecinos, para nosotros mismos, es sagrado. Y serían merecedores de aquello que el propio Jesucristo hizo: ser expulsados del Templo por usarlo con propósitos espúreos, como los mercaderes del evangelio. Espero, como no puede ser menos, que impere la cordura, la reflexión, la sensatez y el respeto.Que es lo que merecen todos nuestros convecinos.

sábado, 31 de marzo de 2012

LA POLILLA Y LA HERRUMBRE, UNA PRECIOSA NOVELA. GRACIAS, CARLOS!!!!!!




 La mejor y más deliciosa literatura inglesa tiene tres componentes: campiña inglesa, aristocracia y un punto de misterio. Mi amigo Carlos, que tiene su puntito inglés, me regaló el día de mi cumpleaños un libro delicioso, que tal vez no habría leído nunca, de no ser por su apasionada opinión y, poco después, su hermoso regalo.  La polilla y la herrumbre, escrita por Mary Cholmondeley en 1912, y publicada por primera vez en España en la edición de la editorial Periférica (Cáceres), que debe ser una pequeña editorial regida por personas sensibles, por cuanto el librito es redondo hasta en su edición. Qué gusto tener en las manos el resultado de una obra hecha con cariño. 
Esta exquisita novela discurre entre tres grandes ejes, fundamentales en esa sociedad a caballo entre el siglo XIX y el comienzo del XX, en que ya ciertas verdades absolutas comenzaban a caer: el amor, el matrimonio y el dinero. Una  cuidada trama relata cómo, en unas circunstancias que devinieron en terribles,  en un viaje a Londres, una bellísima e ingenua muchacha, Janet, por ayudar a una buena amiga, se ve envuelta en un marasmo de equívocos y maledicencias que  la pondrán a prueba. La devoción a su amiga y el cumplimiento de su palabra pone en juego su noviazgo y su matrimonio. En la lucha moral que acompaña su sacrificio, sólo cuenta con la ayuda de Anne, una mujer sofisticada y aristocrática, que la acompaña y la ampara en la lucha desigual que libra con la sociedad y con su propio hermano. Alrededor de ambas se desarrolla un conglomerado de relaciones sociales rebosantes de codicia, ambición y rencores, aunque ellas permanecen fieles a los límites que no deben traspasar: los de la decencia y la verdad. El título de la obra, que redondea el producto, hace referencia a una cita bíblica: "No acumuléis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban" (Mateo 6: 19-21). Con esa frase comienza la novela, y con esa frase engancha página a página hasta el final. Graicas Carlos, por compartir también conmigo tus gustos literarios. 


Sobre la autora:


Mary Cholmondeley nació en 1859 en Hodnet (Shropshire, Inglaterra). Fue una de las voces más representativas del movimiento denominado New Woman, de gran influencia en la narrativa inglesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

sábado, 24 de marzo de 2012

EL PREMIO A LOS ALZADOS: AQUEL DÍA DE DICIEMBRE

A finales de noviembre Emeterio, un miembro de Los Alzados, delineante de la Oficina Técnica Municipal, me informó que el Ateneo de La Laguna había propuesto a Los Alzados para Premio Canarias de 2012, en la modalidad de Cultura Popular. Paralelamente al orgullo de esta nominación, surgió, de mi conversación con Emeterio, la idea de buscar, ya con poco tiempo, más apoyos para intentar que esta primera nominación contara con más fuerza y, ¡quién sabe!, lograr que el ansiado premio, que se otorga cada tres años, se viniera a nuestra zona. Le pedí a Emeterio una pequeña historia de la Asociación para avalar la petición, y una vez me la remite (el 1 de diciembre de 2012) se hace una carta de solicitud de apoyo desde Secretaría y se manda a los 88 ayuntamientos de Canarias y a los Cabildos.  El tiempo urgía, y el viernes 2,, después del ajetreado día, algunos concejales y la inestimable colaboración de Enrique y de Pedro, desde Secretaría, logramos que salieran los etiquetados, que se pegaran en los sobres, que se ensobrara la solicitud y que quedaran preparadas para correos las de islas, tras quedarnos sin almorzar y salir del ayuntamiento avanzada la tarde. A esto se sumó que, en un alarde de celeridad, se hiciera una cadena de reparto por los ayuntamientos de la isla por parte de dos vecinos ejemplares, Carmen y Cristóbal. El día 3 en Tenerife y el 5, pues, y a más tardar el 6, todos los ayuntamientos de Canarias y los Cabildos tenían en su poder la solicitud de apoyo salida del Ayuntamiento de San Juan de la Rambla. Después quedaba el contacto personal con las instituciones que, no habiendo apoyado aún a nadie, podían apoyar nuestra propuesta. Por eso nuestro orgullo es doble. De un lado, el merecidísimo premio Canarias para Los alzados, y, de otro, el modelo de trabajo colaborativo que nos unió a unos cuantos aquel primer fin de semana de diciembre, cuando ya el tiempo se nos iba entre las manos y que al final, gracias al esfuerzo de todos, se plasmó en la decisión que se comunicaba ayer. Gracias a todas las personas que colaboraron, a las instituciones que, atendiendo a nuestra petición nos apoyaron, gracias a todos.

LOS ALZADOS: NUESTRO ORGULLO


Carmen Nieves Luis ha conseguido algo titánico. Inició en 1982, desde el colegio La Pared, en Icod el Alto, un proyecto de investigación musicológica, con la primera grabación de campo sobre el repertorio de una parranda tradicional, con acompañamiento de baile, que tuvo lugar en la parte alta del municipio de San Juan de La Rambla. A partir de esta grabación trascendental para los proyectos musicológico y educativo, que se iniciaron en el curso 1983–1984, se supo, documentalmente y con rigor, de esta parranda conocida como “Parranda Los Alzados”, integrada por miembros de una familia originaria de en un lugar conocido como “Lomo Los Alzados” ubicado en la parte más alta de nuestro municipio, y que, además, era llamada “Familia Los Alzados”. A partir de ahí Carmen Nieves dirigió una investigación histórica de comprobación de la relación entre esta familia y los “Guanches Alzados”, que figuran en la historia de Tenerife desde finales del siglo XV. Su importancia estribaba, también, porque los tocadores y cantadores de esta parranda, así como sus bailadores, fueron los maestros, por excelencia, de la música tradicional representativa de Icod el Alto y de toda la comarca históricamente denominada Icod de los Trigos, que se extiende desde Icod el Alto y los altos de San Juan de La Rambla hasta La Guancha. De este trabajo inicial surge un grupo de difusión de la música tradicional de esta comarca, que, en honor al nombre de sus maestros, se llamó “Grupo Los Alzados”. Desde entonces, proyecto educativo y musicológico fueron de la mano, y condujeron, en un primer momento, a una investigación sobre los trajes tradicionales de esta zona y, al mismo tiempo, se emprendió un largo trabajo de difusión por el Archipiélago y los países latinoamericanos hacia donde se habían dirigido, fundamentalmente, los emigrantes de esta comarca: Cuba y Venezuela. Los frutos de este doble proyecto educativo y musicológico, se fueron materializando en diferentes publicaciones: el libro Trajes tradicionales de Icod el Alto. Indumentaria popular de Tenerife, publicado en 1987, el doble LP La música en la vida tradicional de Icod el Alto, una pequeña antología de la música que tradicionalmente acompañaba las parrandas y celebraciones religiosas de las fiestas de Navidad y Año Nuevo en esta comarca, en 1991, Música tradicional de Pascuas… Estas publicaciones sólo fueron un anticipo de las que estaba previsto hacer una vez realizado el correspondiente análisis y estudio de todos los materiales recopilados. Su amplitud y diversidad obligaron a considerar su edición en tres fases: la primera, referida a la música conservada en los entretenimientos, juegos y rezos tradicionales; la segunda, a los cantos de trabajo; y la tercera, a la música de los bailes y parrandas tradicionales. De estas tres fases, hasta este momento, sólo se ha publicado la primera, precisamente el año pasado, en 2011. Se trata de un libro, constituido por dos volúmenes e ilustrado con DVD y CD, titulado La música tradicional en Icod de los Trigos. Tiempo de juegos, rezos y entretenimientos. En este libro se ha incluido un estudio histórico sobre “Los Alzados”, ineludible para conocer el contexto en el que se ha desarrollado la música tradicional de esta comarca; y se ha incluido también un breve estudio lingüístico sobre el español hablado en Icod de los Trigos, acompañado de un glosario de términos y expresiones tradicionales conservadas en esta comarca. En esta publicación ha colaborado el Ayuntamiento de San Juan de La Rambla. Todos estos trabajos figuran producidos por “Los Alzados”, término que engloba, por una parte, la “Familia Los Alzados”, cuyas raíces guanches han quedado demostradas a través del estudio histórico, genético, etnográfico e, incluso, genealógico, y la “Parranda Los Alzados”, integrada por miembros de esta misma familia que han sido portadores de la música tradicional conservada en la comarca de Icod de los Trigos, especialmente los bailes y parrandas. El doble proyecto, educativo y musicológico, en el que surge el “Grupo Los Alzados”, hoy convertido en Asociación Cultural Los Alzados de Icod de los Trigos, además de continuar con su labor de difusión para la que fue creado, seguirá produciendo cuantos trabajos suponga la edición de las dos fases que aún quedan por acometer en el futuro, y que esperamos ver en breve, lo que revalidará más si cabe, el mérito que les ha hecho acreedores del Premio Canarias de Cultura Popular en su edición de 2012. Qué orgullosos nos sentimos y cuánto tenemos que agradecerles por su riguroso trabajo, por su tesón y por habernos hecho este fin de semana, doblemente felices: por la presentación de su trabajo nada menos que en el Ateneo de Madrid y por el premio. ¡¡¡¡¡Gracias, vecinos!!!!!