martes, 30 de septiembre de 2014

EL FUTURO DE NUESTRA TIERRA Y LA INICIATIVA



Decía Robert Louis Stevenson que sólo aquellos que se atreven a ir más allá, saben hasta donde pueden llegar. 
En el pasado, los canarios fuimos seres capaces de forjar grandes proyectos y de afrontar formidables desafíos. Creamos escuela de trabajo y de logro allá donde quiera que fuímos. 
Pero lo hemos olvidado. Y este olvido nos ha hecho deslizarnos por una pendiente de mediocridad para acabar en un foso del desaliento. No somos mediocres, pero actuamos mediocremente. Hemos olvidado que en el interior de los canarios mora un líder por descubrir. Hemos demolido el puente que nos permitió llegar a nuestra esencia verdadera, aquella que nos convirtió en seres únicos, especiales y diferentes. Es como si en algún momento hubiéramos pensado: Si siendo mediocres podemos subsistir, ¿para qué esforzarnos? Desde esta mediocridad hemos delegado nuestra responsabilidad en los demás, esperando que sean los demás los que hagan lo que se tiene que hacer. Pero la realidad es que si los tiempos actuales no son buenos, menos buenos lo son para la mediocridad, y menos todavía para lideres mediocres. 
Actualmente estamos viviendo tiempos complejos que requieren personas dispuestas a arriesgarse para superar esta crisis. Si la crisis tiene algún valor debía ser precisamente el de hacer despertar a las personas de su mediocridad y alcanzar la excelencia. En momentos de éxito, la mediocridad en el liderazgo no se nota. Pero es en la crisis cuando se requiere un liderazgo comprometido, excepcional. Un liderazgo para la excelencia. No podemos eludir la enorme responsabilidad que nuestra tierra precisa. Cada uno de nosotros podemos contribuir humildemente desde nuestro círculo de influencia a crear las condiciones necesarias. Por humilde que sea, la aportación de todos y cada uno de nosotros será imprescindible. Lo que pensamos crea realidades. Lo que pensamos determina nuestras acciones y nuestros resultados. Si nos sentimos mediocres nos deslizamos peligrosamente hacia la mediocridad. Pero si nos sabemos competentes, nos elevamos exitosamente a la excelencia. 
Ese es el objetivo de hoy: sacarnos las inercias de los últimos tiempos y recuperar el empuje y las iniciativas de nuestros antepasados, los que fundaron ciudades y fueron los artífices del nuevo mundo. Nos va el futuro en ello.

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