jueves, 14 de febrero de 2013

AIS-PP O ELOGIO DE LO RANCIO Y DE LA IGNORANCIA


Qué difícil es, hoy en día, que un bruto mantenga su ignorancia. Va por la calle y,  en cualquier esquina, se encuentra con un conocimiento, con una noticia. La cultura  y la información le acechan. Una persona que no quiere ser informada ni formada, cuando ve que se acerca la formación o la información, debe huir de ella cruzando de acera o echando a correr. Y esta máxima (“enséñales y luego les gobiernas”) les funcionó magníficamente a los de AIS durante largas décadas. Pero las cosas ya no eran como antes para estos buenos alcornoques. Tras la pérdida de las elecciones en 2011, día tras día hubieron de soportar la implacable persecución de formación, cultura e información a través de la radio municipal, que pretendía (¡vaya despilfarro y pretensión disparatada!) que la población en general, que los incluía a ellos, se informaran y formaran de manera limpia.  Y eso los alarmó. Porque de esa manera,  la noble estirpe de los burros de AIS que con tanto cuidado pretendían preservar,  corría el riesgo de extinguirse, diezmadas sus filas por la cultura, la información y otras calamidades. Porque esa información que tanto cuidado tuvieron en eliminar, hoy en día, con un medio como la radio municipal, podía diezmar sus propias filas con la cultura, reduciendo las tinieblas y la ignorancia a su mínima expresión. Ahí tienen ustedes los programas de educación, de música clásica, de agricultura, de etnografía, de debates y tertulias de Radio Rambla.  Cualquiera podía obtener explicaciones a lo que acontece día a día cual enciclopedia antigua de Petete. Todo lo que usted debe saber sobre cuestiones variadas al amparo de su casa y abriendo el dial 107.6, para que cualquiera se asome al mundo y se informe. Qué peligro, que sepan más que los que aspiran a gobernarlos. Nuestros vecinos son personas de bondadosa naturaleza y de sentimientos honrados. Pero nos hemos topado con pajarones que prefieren quitarse un ojo por ver al vecino tuerto. Canallas y pelandrunes que pretenden que la información y la participación es una suerte de pecado que produce desórdenes.

-¿Pero cuál es el mal que hay en todo esto? – nos podemos preguntar- ¿acaso no es bueno que la gente sepa más, que se forme y se informe?

-Veamos -contestan los indoctos matarifes de la radio municipal. Hay varias consecuencias lamentables en esta ilustración a destajo. La primera es que los conocimientos son absolutamente incompletos. Porque los conocimientos que deben saber los vecinos han de venir de la mano de la biblia comentada que es nuestro pensamiento corrector, el de la AIS, ahora AIS-PP. Y la segunda calamidad es que a los consumidores de tanta cultura e información la soberbia les llega antes que la sabiduría. Y entonces nos encontramos -de golpe y para nuestra desgracia- con personas que creen que saben y que en realidad no saben nada de lo que queremos que sepan.  Porque en realidad, saber saber, los que sabemos somos nosotros, los idiotas ilustrados. Por eso todo ha de filtrarse a través de nuestra interpretación e, incluso, a través de nuestro medio, esa fabulosa radio con esos fabulosos descomunicadores, gente que opina sobre todas las cosas del universo sin conocer cabalmente siquiera una. Una legión nefasta que contribuye día a día a la difusión del facilismo, postura mental que reduce toda cuestión a los estrechos límites de una definición indigente. Así lograremos un estruendoso éxito con las idioteces de cada día, y nos permitirá colocar a buen precio las cuñas publicitarias para financiar la radio de Borges. Que ya está bien de que la costee él solo. Y ya se sabe que los idiotas ilustrados tenemos nuestro propio lenguaje, que en ausencia de otros medios, esperamos que poco a poco empiece  a conquistar a todos, sobre todo porque nosotros, la morralla, la chusma al decir de don Manuel, tenemos una habilidad especial para imponer nuestros usos y costumbres. Usos y costumbres que pretenden que  las entendederas de los vecinos permanezcan cerradas como una piedra de granito, para satisfacción de nosotros, los mandamases actuales, y nuestros favorecedores/favorecidos.

Y ese es el resumen de los radiocidas. La defensa a ultranza de la ignorancia. O de una suerte que conocimiento, el suyo, que es lo mismo.

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