sábado, 8 de noviembre de 2014

UN RELATO DE DIGNIDAD: SIEMPRE HAY TIEMPO DE RECUPERARLA


Al Capone fue el dueño virtual de la Ciudad de Chicago. Capone era famoso por todo lo relacionado con piratería, extorsión, producción ilegal y contrabando de alcohol, prostitución y asesinatos, tráfico de drogas y terrorismo. Capone tenía un abogado a quien apodaban "Easy Eddie".  Era el abogado de Capone porque era un buen abogado, bien preparado y astuto. Sus habilidades en el manejo de las leyes y manipulaciones legalistas procedimentales mantuvieron a "Big Al" (el Gran Al) fuera de la cárcel mientras fue su abogado. Para mostrar su aprecio, Capone le pagaba muy buen a Eddie. No sólo con abultados cheques, sino que Eddie gozaba de comisiones y de beneficios especiales también. Por ejemplo, él y su familia ocupaban una mansión cercada con muralla en todo su perímetro, contaba con un tren de sirvientes de todo tipo y tenía todas las comodidades más modernas a la época. Eddie vivía la gran vida de la Mafia de Chicago y le prestaba poca o ninguna consideración a las atrocidades que sucedían a su alrededor. Pero Eddie tenía un"talón de Aquiles": un hijo al que amaba entrañablemente. Eddie estaba siempre muy pendiente de que no le faltara nada a su joven hijo. Nada era suficientemente bueno para el hijo de Eddie. El dinero no era obstáculo. Sin embargo, a pesar de su relación con el crimen organizado, Eddie hizo esfuerzos en enseñarle a su hijo la diferencia entre el bien y el mal, porque Eddie deseaba que su hijo fuera mejor hombre que él. Desafortunadamente, con toda su fortuna e influencia, había dos cosas que Eddie no le podía dar a su hijo: ni un buen nombre, ni un buen ejemplo. Esta encrucijada hizo que  Easy Eddie se enfrentara con una terrible decisión, con el deseo de rectificar todo el mal que había hecho. Decidió que cooperaría con las autoridades y diríar toda la verdad sobre la organización de Al Capone, tratando  de limpiar su nombre manchado, para ofrecerle a su hijo un ejemplo propio de lo que significaba la integridad. Easy Eddie fue testigo ante los Tribunales en contra de La Mafia, sabiendo perfectamente el costo que ello conllevaría. Un año después, la vida de Easy Eddie terminó con una ráfaga de disparos de ametralladoras en una solitaria calle de Chicago. Pero ya le había dado a su hijo el regalo más grande que podía ofrecer, por el que estaba dispuesto a pagar el más alto precio: su propia vida a cambio de la dignidad. La Policía encontró en los bolsillos de Eddie un rosario, un crucifijo, un medallón religioso (probablemente de La Virgen María o de algún Santo) y un poema impreso tomado de una revista pegado con un clip.
El poema decía así:
Al reloj de la vida se le da cuerda sólo una vez
Y a ningún hombre le está dado saber
cuando las manillas habrán de detenerse en cualquier temprana o dilatada hora.
El ahora es el único tiempo que te pertenece.
Vive, ama, lucha con un propósito.

No confíes tu fe al tiempo pues el reloj puede pronto detenerse

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